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viernes, 15 de agosto de 2014

De lo más antiguo a lo más moderno

Yo con mi habitual despiste y estoy a punto de llegar al borde de la península de Yucatán, ¿es Cuba una opción? Por supuesto que sí, pero no esta vez, es algo que me dejo apuntado para otro momento, por más que le haya dado vueltas al asunto. Una de las rutas que había meditado, dado lo supuestamente peligroso de Centro América, iba a discurrir por Cuba, República Dominicana y Haití, para terminar entrando por Venezuela... mucho más seguro, sí señor. Sin embargo, y sin obviar las recomendaciones de seguridad, creo que a estas alturas puedo empezar a hablar con cierto conocimiento de causa cuando digo que las cosas no son como nos las venden en los periódicos.

Al igual que de México únicamente nos hacen llegar casos de narcotráfico, inmigración ilegal, asesinatos y secuestros, allí básicamente les llegan nuestras historias sobre el Real Madrid y el Barcelona, sobre nuestro rey cazador de elefantes y tal. Es de esperar que lo mismo ocurra con el resto de países. Como decía, no hay que negar tampoco el aspecto violento de la realidad, si Venezuela tiene el triste récord de ser el país con mayor número de homicidios, no seré yo el que venga a equipararlo con el nivel de seguridad de Suiza, pero estoy seguro de que, en la más remota aldea de Venezuela encontraré una mano tendida y un techo amigo.

Mi padre siempre decía que el mayor garante de nuestra seguridad es el puro sentido común. Y doy fe de que tiene toda la razón. Desde el "primer mundo" sufrimos una cierta miopía respecto a como es el resto del mundo, asumimos que los derechos y garantías que allí disfrutamos, han de prevalecer en cualquier otro lugar (famoso es aquel celebérrimo grito de "¡soy ciudadano americano!, como si esas meras palabras hubieren de funcionar como un chaleco antibalas), y si ese sentimiento es una esperanza de que nuestras "libertades" calen en todo el mundo, pues bienvenido sea, pero si lo utilizamos con soberbia... bueno, no hace demasiado recuerdo un articulo de Pérez Reverte en la que hablaba del "Síndrome Coronel Tapioca"; me gustaría pensar que no soy uno de ellos, al menos no del todo.

Bueno, más allá de esta diatriba. El ¿norte? más bien el este de la península de Yucatán, mantiene una configuración más o menos parecida a la del resto de la península, si bien esta parte está más poblada, contando con tres poblaciones reseñables como son Mérida, Valladolid y Cancún. Además, en la casi linea recta que las une, podemos disfrutar de dos de los más bellos espectáculos que uno se puede encontrar: cenotes y Chichen Itza.

¿Qué son los cenotes? Pues según la wikipedia es una "dolina inundada de origen karstico que se encuentra en algunas cavernas profundas", para los que tenemos que buscar en el diccionario la mitad de las palabras anteriores, diré que es, básicamente, una caverna, a la que el techo, todo o parte se ha derrumbado (es decir, un agujero en el suelo), y que está inundada por agua dulce. Vamos, una preciosidad.

Cenote de Valladolid
En el trayecto entre Mérida y Chichen Itza, que no hice por la carretera de cuota, si no por una paralela, podréis visitar no menos de 5 cenotes, y hasta llegar a Valladolid habrá, al menos, otros 3 más, todos ellos muy cercanos a la carretera.



Catedral de Mérida

Mi puñeta fue que, en el trayecto entre Mérida y Chichen Itza, me cayó una manta de agua como no había sufrido otra. Llegó a tal punto el cachondeo que, sobre las 19:00 busqué un apartado del camino para poner la tienda. Estaba completamente empapado, y el terreno estaba más o menos igual, pero aun así tenía la esperanza de encontrar algún trozo de tierra que, estando un poco más elevado que los demás, hubiese acumulado menos agua. Había parado de llover hacía unos 5 minutos y parecía haber encontrado un lugar algo menos malo que los demás. Llevo ya seis meses sobre el pedal, así que os figurareis que le tengo cierta maña a montar la tienda... pues nada, en lo que tardo en montarla cae un nuevo diluvio, la tienda se anega antes de poder poner el sobretecho e incluso el teléfono se da un remojón en la piscina que se ha montado donde debiera dormir plácidamente.

Tengo un breve instante de frustración, pero el caso es que ya estaba empapado, así que tampoco es que haya empeorado mucho mi situación. Así que me armo de paciencia de nuevo y miro a cuánto estoy de algún lugar donde coger una habitación... 47km a Piste, a 2 km de Chichen Itza... pues mira tu que bien. Voy a pedalear de noche en México... pongo las luces traseras y el frontal, me encomiendo a Thor y me pongo a ello. Por suerte, la noche es agradable aunque oscura como tizón, y salvo que va a salir una tirada larga, sólo será cuestión de echarle paciencia.

Llego a destino, y me toca echar un buen rato en limpiarme tanto yo como la tienda, pero finalmente acabo con los quehaceres y puedo salir a darme un paseo por el pueblo. Uno esperaría que estando a tan escasa distancia de una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno, la urbe sería de tamaño descomunal y estaría plagada de turistas de blancas canillas y nerviosa cámara, pero no, para mi suerte, es uno de tantos pueblos, con algún hotel más grande pero sin mucha más "contaminación". Aquí a los turistas se los traen en bus desde Cancún o Playa del Carmen, les enseñan las magnificas ruinas, una zambullida en el cenote y a correr (cuidado, no pretendo sonar despectivo en absoluto, cada uno es muy dueño y señor de disfrutar sus vacaciones como prefiera... y dado el día que llevo no hubiese protestado por algo más de comodidad).

Detalle de cabeza draconiana
A la mañana siguiente me dejo caer por el templo. La afluencia de autobuses es enorme, pero el recinto está preparado para soportar la afluencia de gente, por lo que en ningún momento me sentí agobiado. Dejé la bici amarrada fuera, como siempre, y entré al recinto. Por algún motivo que sigo sin comprender, has de comprar la entrada en dos partes, en fin, unos 110 pesos, que salvo por la tontada burocrática, pago gustoso.



Ya en el interior puedes contratar un guía, comprar artesanía, comer o beber. El lugar está escrupulosamente limpio, y además conté con un día espectacular, así que la visita, de unas dos o tres horas, fue deliciosa. No los saturaré de fotos del lugar, para ello ya conocen a google y a los fantásticos fotógrafos que habrán ido por allá.

Piramide de Chichén Itzá y el piramidista
Junto a Chichén Itzá, hay un cenote que, como no, está a reventar, entre la entrada y la taquilla serán unos 100 pesos. Consejo: Chichen Itzá cierra a las 16:00 de modo que todo el mundo que está allí termina yendo al cenote, de modo que tratad de evitar llegar a partir de las 16:00.

Cenote de Chichén Itzá y su fauna
En Valladolid, como en Mérida, me quedé en albergues juveniles, limpios, con wifi, agradables y baratos, muy bien ubicados en el centro de las ciudades, lo que da lugar a dar un buen paseo. Estas son ya ciudades de tamaño medio, donde se aprecia fácilmente la mano del antiguo imperio español. Valladolid, además, cuenta con su propio cenote, que sin tener el garbo y gracejo del de Chichén Itzá, tampoco desmerece, y cuenta con dos pluses, sólo son 15 pesos y sólo estábamos 3 personas.

Alguien se pasó con los neones... Ayuntamiento de Valladolid
De Valladolid a Cancún me doy la última paliza del viaje, 166 kilómetros... uy!! he dicho última paliza!! Pues sí, os contaré un secreto, estaba por la Baja California, en uno de esos momentos no tan de subidón, cuando vi un billete Cancún-Madrid por 120€, para 2 meses más tarde. De modo que me dije, lo compro, y cuando llegue allí, ya veré que hago, al fin y al cabo, si pierdo 120€ tampoco saldré de pobre. Nadie lo supo, salvo mi novia, y por ello no he hecho ninguna referencia a ello en ningún post. El motivo de este "secretismo" es mi gusto por las entradas dramáticas, y quería darle una sorpresa a mis padres... la sorpresa nos la llevamos mi novia y yo cuando entramos a casa de mis padres, y mi madre hacía 3/4 días que me había planchado todas mis camisas... lo que no sepa una madre...


Bailes regionales en Valladolid
Bueno, Cancún, que me voy por las ramas. Cancún no me gusta. No tiene encanto, ni chica ni limoná, en el albergue en el que estuve me contaron que Cancún se planeó por ordenador, es decir, es una ciudad muy nueva. Supongo que, como turista, y siempre que estés alojado en uno de los macro hoteles de la zona, será un sitio muy entretenido. En cualquier caso, mis tareas eran descansar, y preparar el vuelo de vuelta. Para ello me hice con una estupenda caja de cartón en una tienda de bicicletas y, después de darle varias vueltas a como llevar a mi querida cleta hasta el aeropuerto, opté por un taxi, que siendo más caro, no me iba a costar dolores de espalda por mover los bultos ya embalados.

Lagartija cancunera
En uno de mis paseos por Cancún recuerdo haber tenido una fuerte sensación de deja-vu, por un momento me sentí de nuevo en Las Vegas. Una ciudad irreal, construida con un propósito definido, rodeado de grandes hoteles temáticos, y de americanos de amplia sonrisa. A diferencia de Las Vegas, Cancún me dejó bastante frío. Si queréis una recomendación, meteos de lleno en México, y dejad Cancún para el relax de los últimos días.
Ni me jugué un euro en Las Vegas ni me bañé en estas playas...

Laguna interior de Cancún con algunos de sus hoteles (cuidado con los cocodrilos)


Con cien cañones por banda... debía de ir casi hundido...

En el aeropuerto
Y hasta aquí más o menos todo, supongo que haré un "penúltimo" post a forma de epílogo, pero algo os adelanto, ha sido la experiencia de mi vida, ¿no te lo crees? ¿por que no empiezas como hizo Guillermo? ¿no te has leído su blog? ¿a que esperas?

sábado, 5 de julio de 2014

Costeando por Yucatan.

Durante los días que tardo en atravesar el estado de Campeche el tiempo me respeta. Parece que el recadito que dejé en el Facebook ha funcionado.

La zona por la que me estoy moviendo no está muy poblada, aunque la mayor parte de las ciudades se encuentran en la costa. A mi izquierda, el golfo de México, a mi derecha, el manglar... ¿No sabéis que es un manglar? Seguramente sí, pero no le ponéis nombre. ¿Recordáis esos documentales de La 2 donde la selva lanza las ramas de los árboles al mar?¿Esos programas de supervivencia donde el boina verde de turno maldice la lentitud con que avanza por esa maraña de ramas mientras mata el millonésimo mosquito? Pues eso es. Y esa es fundamentalmente la razón por la cual no hay muchas poblaciones en esta zona. La estrecha franja de tierra por la que me muevo, separa dos masas de agua, una salada y otra dulce, una de horizonte infinito, la otra de un verdor sofocante.

No hay mucho tráfico, cosa que uno agradece en el alma, y de tarde en tarde aparece alguna tienda de abarrotes o algún pequeño restaurante, lo que mitiga la sensación de soledad.

La salida de Ciudad del Carmen, como la entrada, te lleva por un largo puente que termina en un punto de control sanitario y militar en Isla Aguada (no es una isla). Ha sido un día corto, apenas 50 km, pero no estoy para muchas fiestas. Además, la siguiente población me queda a más de 100 km, y no tengo ninguna prisa. Pollo rostizado, arroz y a dormir.

Mono aullador en la peninsula de Yucatan
Al día siguiente, más recuperado, me pongo como objetivo llegar a Champotón. Me gusta como suena, Champotón... creo que estuve medio día tarareando el nombre... Champotón. Pues casi me hago Champotón encima cuando, mientras escuchaba música, note un ruido totalmente nuevo para mi. Y aquí entra en juego otra  de mis palabras favoritas, gutural. Paré la bici y la música, y me dispuse a averiguar de donde diantres provenía ese sonido, a medida de que me acercaba mi mente, mezcla de miedo y curiosidad, no dejaba de fantasear ¿cocodrilos? ¿los cocodrilos hacen esos ruidos? ¿tienen cuerdas vocales los cocodrilos? por suerte para mi cordura, ya que estaba a medio paso de cuestionarme el sexo de los ángeles en cuanto a caimanidos se refiere, me percaté de que el ruido provenía de los árboles, y así, finalmente, entre ramas, pude distinguir a la pareja de primates que emitía los amenazadores ruidos.

Después de estar un rato observando al par, decidí dejar de molestarlos, y continuar camino. Champotón era mi destino. La ciudad no tiene nada de especial, salvo que está enclavada junto al mar. No deja de sorprenderme, favorablemente, lo despoblada que está toda esta costa. Se sigue manteniendo virgen, a diferencia de las costas de nuestro país, donde parece anatema el tener un par de metros de playa o acantilado sin un ladrillo encima.

Las dos gracias del día vienen, por un lado de un leve picor que sentía en mi tobillo. Y es que no todo puede ser glamour. Y de otro del cartel que un "orgulloso patrocinador (ahorita no tanto)" de la selección mexicana de fútbol tenía colocado a un lado de la carretera. Nada como la imagen para ver a que me refiero.
Me pareció sentir un lindo mosquito

Se ve que la selección tuvo algún problema en la clasificación (no era penal)


Sigo hacia el este, por el lado norte de la península (para escribir esto he necesitado un rato, no os creáis), y Campeche se extiende ante mi. Capital del estado, y urbe de buen tamaño. Mi entrada es triunfal... acabo de romper la cadena por primera vez en mi viaje. Por suerte es a la entrada de la ciudad y cuesta abajo. Aun así, trato de reparar la avería. Saco el tronchacadenas y empiezo a intentar sacar el bulón que hay entre los eslabones... está duro, tanto que termino rompiendo la herramienta (consejo, un trochacadenas de aluminio no es la mejor elección). Así que doy un par de zapatazos en el suelo y me dejo caer por la cuesta. Hay un hombre vendiendo cocos y otro comprando, un chatarrero. Les pregunto si saben de algún lugar donde reparar la bici y el chatarrero me hace de guía, va en aquella dirección. Charlamos por el camino, le cuento y me cuenta, así que tras arreglar la bici en un santiamén (no me quieren cobrar nada) invito al hombre a comer. Muy agradecido, me hace un pequeño tour por la ciudad y me advierte de los barrios por donde no quiero (debo) pasar.

El día va oscureciendose y nos separamos. Tomo una habitación céntrica y tétrica, pero nada peor de lo que ya haya podido experimentar y me doy un paseo casi sin ver por donde voy. Mi oído me guía hacia un concierto de música clásica al aire libre, aunque al final sólo eran unos altavoces junto a una fuente, trabada en una coreografía acuática. Me siento a disfrutar de la música mezclada con el siempre relajante sonido del agua al caer.
No era el único disfrutando

Catedral de Campeche

Pequeña iglesia colonial


Ver Campeche en un mapa más grande

jueves, 3 de abril de 2014

De cuando se puso a llover

Por esa extraña necesidad que solemos tener (y contra la que trato luchar a diario) de clasificar, separar y pretender diferenciar cosas, actos o momentos, iba a comenzar el post con algo así como: "Todo comenzó de una forma que finalmente resultaría engañosa. El cielo, con nubes sueltas por aquí y allá, era de un azul profundo, con un sol radiante pero frío." Y no hubiese sido un mal comienzo salvo por el hecho de que nunca fue un comienzo, sólo una continuación.

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Bajando desde Córdoba.

Desde que inicié esta gran bajada tenía claro que estaba pasando por los días más fáciles del viaje, y que lo que tenía por delante tampoco iba a resultar especialmente complicado. La orografía de la zona era bastante llana, y me venía muy bien, porque el tramo de México central me había dejado físicamente algo tocado. No deja de resultar gracioso como algo de frío pudo afectarme tanto, aunque tenía muy claro que no era únicamente el frío. Es inevitable que a lo largo de todo este periplo tuviese momentos bajos, cuando uno sale cuenta con ellos, y lo cierto es que estaba sorprendido de que hubiesen tardado tanto en llegar. Por suerte, en lo que debió ser lo peor de ellos aparecieron los compañeros de los que ya os hablé.


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Como en casa.
La cuestión es que a pesar de todo, no estaba preparado para lo que me vino a continuación. Desde Córdoba seguí bajando hasta Joachin, en una jornada de unos 85 km de los cuales aproximadamente 80 fueron en línea recta y 40 de bajada. Así que no llegué a cansarme ni aburrirme. Dejé atrás el paisaje de montaña para pasar a lo que, a primera vista, me pareció una gran llanura, pero que, a poco que te fijas, te das cuenta que más que una simple llanura, me da la sensación de lo que debería ser la desembocadura de un gran río, como mi imaginación dibuja la del Danubio. Hasta donde abarca la vista esta frondosa llanura deja ver, de tanto en tanto, pequeñas manchas de agua. El ganado que, de tarde en tarde, o bien pasta en zonas anegadas o se agolpa en pequeños promontorios para tumbarse al sol. Toda la zona está inundada.

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En llanuras inundadas

Como ya tengo por costumbre, ruedo por la autopista de peaje, lo que hace que los poblados se encuentren cada vez más separados. Así que cuando voy completando la jornada, me dejo caer hacia Joachin para buscar refugio. Después de hacer un poco de limpieza y mantenimiento a la bicicleta, pregunto por algún lugar donde comer y me voy para un pequeño puesto junto al vecino. La verdad es que me pongo las botas, y a la hora de pagar le tengo que repetir tres veces la comanda a la dueña del negocio porque realmente no me puedo creer que haya sido tan barato. A lo largo de la velada escucho, más que hablo o pregunto, a los lugareños sobre las peleas de gallos que están agendando para el mes que viene. Al parecer van a por un gallo que es "pura metralleta" y que con un poco de coca se pondrá como loco. Por lo que entiendo, ciertos gallos de los EEUU así como de la zona de frontera son especialmente valorados para estos temas.

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Iglesia Cosamaloapan. Ancla y cruz torcida, nunca lo había visto antes.


Los siguientes días van pasando como los kilómetros bajo mis ruedas. La carretera es recta, sin apenas subidas o bajadas. Aburrida, en definitiva. Me vuelco en la música, los podcast o en mi mismo. Y tal como vino, se fue. El buen tiempo, quiero decir.

Empezó a llover. No sabría decir si fue de repente, o si comenzó poco a poco. De cualquier modo, daba completamente igual. No había tenido una manta de agua de ese calibre nunca. La ventaja es que, una vez empapado, la temperatura era agradable, con lo cual no pasaba frío, y pedalear no resultaba en exceso molesto. De forma que, incluso agradeciendo este cambio, me propuse disfrutar de ese infantil momento de "épica" que supone superar a los elementos y no me entendáis mal, no podría negarle nunca la épica a señores como Amudsen o Scott en su exploración del polo, a los grandes navegantes,  escaladores y demás... pero es que lo mío sólo era agua, y además a mi no me quedaba más opción que seguir. La épica viene de cuando tienes la opción de decir, "estoy harto y me vuelvo", si no lo puedes hacer ¿cómo llamarlo?.
Tabasco, rio, inundación
Desde uno de tantos puentes en Tabasco.

En cualquier caso, esa no tan insoportable lluvia fue calándome hasta los huesos de mi paciencia. Desde el mismo momento en que te levantas, hasta el mismo momento en que aparcas la bici, domina todo tu horizonte visual y emocional, día tras día. Todo lo haces pensando en ella: vas más rápido para llegar antes a donde sea, vas más despacio porque te vienes un poco abajo, cantas en voz alta para subir la moral, subes la música para abstraerte de todo, el agua que los camiones lanzan sobre ti deja de molestarte y poco a poco sientes el triste consuelo de ir tocando fondo.

Y te equivocas miserablemente.

Son ya unos 12.000 km sobre la bicicleta y de algo que estoy realmente contento y orgulloso es del rendimiento que los neumáticos han dado. Hasta que me doy cuenta de que estoy haciendo un esfuerzo excesivo para la velocidad que llevo. La rueda del remolque está pinchada. Arreglar un pinchazo bajo la lluvia no es sencillo, así que espero hasta pasar bajo un puente que cruza la autopista y me pongo a ello. Lo malo es que el viento tampoco ayuda así que finalmente me escudo en el muro de una caseta, bajo la lluvia, para localizar el pinchazo. Lo consigo, parche y monto. Lo malo es inflar, porque no consigo darle presión. Desmonto de nuevo la rueda y busco un nuevo pinchazo. Lo encuentro, parche, y monto. Sigo igual, así que repito el proceso, pero esta vez no la monto si no que busco más detenidamente más pinchazos. La rueda no está pinchada. Está pasada. Hay toda una línea de unos 15 cm de poros abiertos así que hago una cadena de parches. Doy presión y parece que aguanta. Todo bajo la lluvia, claro.

Como temía, sólo le he puesto un parche al problema (que gracioso soy...). La rueda sigue perdiendo aire así que cada 5/7 km paro para darle un poco de presión. Finalmente, y como no quedaba más remedio, llego a Heroica Cardenas. A estas alturas le hubiese prendido fuego a la bici... pero la lluvia no me hubiese dejado, así que paso comprar un par de cámaras para la rueda. Sustituyo y le doy presión a la rueda en una gasolinera. Con esto resuelto meto la bici en la habitación y después de ducharme caigo rendido en la cama. No sabría decir si fueron minutos o alguna hora más tarde escucho una fuerte explosión, de la cama al suelo, y de ahí a asomar la nariz sobre el colchón esperando ver un agujero de bala en la ventana o algo así... nada. Bueno, nada no, la rueda del remolque ha decidido despedirse a lo grande y casi me mata del susto. Ha explotado. Así que al día siguiente me tocará comprar una nueva cubierta. Al menos ha pasado aquí y no en mitad de ninguna parte, así que me vuelvo a derrumbar en la cama sabiendo que ya he tocado fondo.

Tras comprar el neumático para el remolque.

Lo malo del fondo son dos cosas: por un lado el fondo del mar no tiene siempre la misma altura, así que puedes buscar un fondo más bajo y por otro lado, tocar fondo no implica necesariamente salir de él (que se lo digan a nuestra economía). Por suerte no me encontré con ninguna de estas situaciones. Después de solventar el tema de la rueda, siguió lloviendo, y por supuesto que tuve días duros de viento en contra, pero de algún modo me lo pude tomar un poco más a "guasa". De ahí la carta abierta en Facebook que dirigí a Thor y que paso a reproducir.


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Amenazando a Thor
Estimado Thor,
Hasta hace unos días nuestra relación, al menos en lo que a mi respecta, estaba muy bien encaminada. Tú me enviabas vientos a favor y te agradecía la ayuda; me enviabas vientos en contra y te agradecía la oportunidad de hacerme más fuerte; mantenías en viento en contra dos o tres días y me ayudabas con mi resignación y mi paciencia; subías a 5 o incluso 6 y yo te adoraba con un par de pilas alcalinas duracell nuevecitas.
Algo se ha debido estropear entre nosotros porque desde que entré a Tabasco además de tus vientos me estás enviando agua, y mira que estoy pasando por alto que esta está sospechosamente calentita. Los primeros días me lo tomé con paciencia, los siguientes con resignación, pero macho, o cambias la canción o subo a los atrios de Valhalla y te doy tal hostia que le vas dar pena a Loki.
Atentamente, y arrugado cual pasa, tuyo,
Fernando.


HMD. Toma 1.

HDM. Toma 2.



Por supuesto hubo momentos de bajón. Sobre todo porque las noches se suponía que iban a ser el momento del día donde estaría seco y descansaría y claro... había sitios que esto se hacía un poco más complicado.

Hacía ya tiempo que bromeaba con mi familia con la cadena de hoteles HDM, pero fue aquí donde todo llegó a su cenit. Estuve tentado de montar mi tienda de campaña dentro de la habitación, pero con la manta de agua que había caído la pobre estaba tan calada como yo, así que desistí.

Al menos una cosa me quedó clara, se había complicado mucho estar en un sitio peor que este; pero cuando la necesidad aprieta acabamos dándole cancha a casi cualquier situación.

En cualquier caso, lo que me dejó tocado por un buen rato era saber que había gente que pasaba largas temporadas en el cuarto donde yo iba a pasar una única noche. Y pensar que siempre habrá alguien que mirará a estas personas con una cierta envidia porque su situación es aun peor. Descorazonador.














Mi ruta hacia Cancún había terminado de tomar forma, y mi próximo objetivo era Ciudad Del Carmen ya que se encuentra en una delgada linea de tierra que separa el mar de la Laguna de Términos. El acceso es a través de un puente de unos 4 kilómetros (con escaso arcén) que en su entrada a la ciudad te permite ver una pequeña parte del puerto.

Puente hacia Ciudad del Carmen.


Esperaba más de ciudad del Carmen. En realidad no hubo mucho que ver. Así que me hube de fijar tres nuevos objetivos: Mérida, Chichen Itza y Valladolid.


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¡¡Como los rotuladores!! Pelícanos!!


Pero eso lo dejaremos para más adelante.


Ver Sin título en un mapa más grande Pd. HDM: Hoteles De Mierda... con perdón.