jueves, 30 de mayo de 2013

No estoy solo en el camino. Tomás.

Desde Seattle en un mes.
El 25 fue decididamente un día atípico. Para empezar, y sobre todo, porque me topé con 5 viajeros en bicicleta. Los dos primeros tenían mucha prisa (viajando en bici??) y no hicieron el amago de parar; más tarde, a unos 16 km, en Destruction Bay a las orillas del Kluane Lake, mientras trataba de ajustar el cambio trasero que empezaba a dar problemas, me alcanzó Tomás, argentino de 32 años que se dirige a Florida desde Fairbanks. Un poco más tarde me crucé con dos norteamericanos, que en unas muy buenas bicicletas, habían subidos desde Seattle en cosa de un mes. Esto ya empieza a estar demasiado atestado, la verdad.

Tomás.
Tomás me alcanzó unos 30 km más tarde, poco antes de cruzar el puente que pondría punto y final al lago Kluane, y a partir de ese momento continuamos junto. Tomás es un auténtico viajero, del que tengo muchísimo que aprender. Su bicicleta es un hierro que no cogerías ni aunque te la encontrases tirada en la calle, pero todo en ella es fácilmente reparable (salvo que le pase lo que a mi, claro). Su ritmo es calmado pero constante, y al tiempo es capaz de mantener tiradas superiores a los 100km durante varios días. Hablando con él me contó que ya viajó desde Nueva York a Florida anteriormente, y en Sudamérica ha realizado numerosos viajes, de hasta 9 meses de duración. Sin él, ciertamente las etapas que se me venían encima hubiesen sido mucho más penosas.

Hicimos la primera noche tras uno de los esporádicos puntos de descanso que salpican la carretera, dejando la comida en los bidones a prueba de osos, y temprano al día siguiente emprendimos de nuevo el camino. A pesar de la fama que puedan tener los argentinos, Tomás no siente la necesidad de rellenar  cada silencio con charla inútil, más bien parece ese mi papel, pero en esos momentos necesitaba sacarme de la cabeza lo que se cocía bajo mis posaderas. La rueda cada vez se bamboleaba más y el sillín no dejaba de imitar a la dichosa silla de rodeo. El viento, como no podía ser de otra forma, ataca de frente, y nosotros aún no nos conocemos tanto como para poder darnos relevos; aunque él aguanta más horas sobre la bici, mi ritmo parece un poco más alto, con lo que lo dejo atrás, así que pedaleamos en paralelo. El coche que nos adelanta cada hora no tiene problemas en sortearnos.

Un alto en el camino

Dos días más tarde llegamos a Haines Junction. Uno de tantos pueblos cuyo único leitmotiv, es que es un cruce de caminos, en este caso hacia la Alaska Highway y Whitehorse, o hacia Juneau (capital de Alaska). Sin embargo aprovechamos la wifi que nos brinda una panadería que parece no tener sentido en un pueblo así y que, sin embargo, se encuentra atestada. Intuyo que por ser domingo, día en el que mucha gente decidirá ir a darse una vuelta por ahí. Tomás y yo damos buena cuenta de un pan de cebolla y queso cada uno, y yo le añado un burrito. Repuestas fuerzas nos acercamos al centro de atención al viajero, donde además de informarnos sobre la región podemos recargar agua. Y como guinda del pastel un obrero que estaba por allí me fija el sillín con la llave fija que no había podido conseguir hasta ese momento, y con tan buena suerte que el sillín está nivelado. Así que con el viento de espalda y el culo semiquieto (la rueda va a peor) hacemos 20km más hasta que decidimos acampar.

Esta noche tampoco tendremos compañía, pero visto que mientras montábamos el campamento nos pasaron a visitar un oso negro y un coyote decidimos colgar la comida de los árboles (esta vez no hay foto de los bichos, lo siento pero estaban demasiado cerca y mi cámara demasiado lejos).

Tomás en su papel de "sherpa"
Y comenzamos la jornada que podría ser la definitiva ya que nos separan unos 130 km de Whitehorse, si bien el plan sigue siendo hacer unos 90/100 km para llegar a la mañana siguiente a la ciudad. El deterioro de la rueda ya es patente. La llanta se está desintegrando y ya ha perdido un trozo junto a uno de los radios, y lo que eran ligeras quebraduras en otros tres se han convertido en visibles agujeros. La rueda cada vez oscila más llegando a rozar el neumático con el cuadro. Aflojamos radios y apretamos otros, introducimos arandelas en el eje a fin de forzar una separación con el cuadro y a última hora llego a desmontar el freno para poder forzar más la rueda, pero a últimas horas de la jornada ya es patente que no hay mucho que hacer. Cualquier apaño que le hagamos pierde su efectividad cuando me subo sobre la bici. De modo que hacemos noche, se nos ha hecho tarde y terminamos de cenar para las 23.45 aproximadamente, pero a las 06.00 ya estamos en pie. Hoy tocará empujar la bici, y ayer la dejamos preparada para que sea Tomás el que lleve también mi remolque además de todo su equipaje. Forzamos por última vez mi rueda para que roce lo menos posible y nos ponemos en marcha, por delante unos 25 km hasta destino.

Enfilando el penultimo ataque a Whitehorse.
Una de las cosas que más rabia me dio de la entrada en la ciudad es la larga bajada que lleva hasta ella. Lo que podía haber sido un paseo triunfal se convierte en una penosa caminata por el asfalto y un par de ampollas de recuerdo. Pero ya estamos en Whitehorse, capital del estado de Yukón con una población aproximada de 24.000 habitantes. Tenemos un Wallmart y un par de tiendas de bicis ¿que más se puede pedir? La primera parada es el Wallmart, para poder beber un poco y tirar de wifi, que como el agua es un recurso preciado. Localizamos las tiendas de bicicletas y nos encaminamos hacia ellas, en Icycle no hay suerte. El chaval que nos atiende no se cree que no haya tirado la bici por un barranco para que esté así la rueda, por lo que me dice que sus ruedas no me servirían, así que me manda a Cadence, donde por suerte (y por unos dolorosos 110$) consigo la rueda que me montarán por otros 25$. Me la tienen lista por la tarde pero la recojo a la mañana siguiente, pero al probarla el cambio no parece ir bien y lo que se supone que es un ajuste de 5 minutos se convierte en un ajuste completo porque el dueño no ajustó bien el anillo de cierre del cassette (los piñones, vamos)... y pensar que fue el mismo que me dijo que el próximo taller está a 1500 km... puff.

Por lo menos estos dos días en Whitehorse me han permitido: descansar, arreglar la bici, hacer la colada (que falta hacía ya), ducharme unas cuantas veces (las toallitas húmedas llegan hasta donde llegan), ponerme al día con el blog y con suerte mañana puede que consiga un teléfono.

La gracia está al final de los radios.

Por delante me queda la decisión de seguir por la Alaska Highway o tomar la Casiar. Por lo que parece la segunda es más bonita pero también más dura, mayor desnivel y mayor distancia entre "pueblos", ¿que decís, Casiar o Alaska highway?

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miércoles, 29 de mayo de 2013

Yukon, larger than life

482.443 km2, es la superficie de los Territorios del Yukon. Con una densidad de 0,7 habitantes por km2. La península ibérica tiene una superficie de 583.254 km2 con una densidad aproximada de 98 habitantes por km2. Y por último, Alaska, con una densidad de 0,49 habitantes por km2. ¿Y por que os cuento esto? Porque en teoría hay aquí una mayor densidad de población que en Alaska pero, sin embargo, la sensación que tengo ahora mismo dista mucho de lo que los datos arrojan (por no hablar de que son simples medias y no tienen en cuenta la desviación respecto a la media).

Desde mi salida de Beaver Creek apenas recuerdo haber cruzado ningún otro pueblo. A lo sumo 6 ó 7 negocios de los cuales, como no, los de alojamiento estaban abandonados. Las distancias, aun cuando uno viaja en coche, son enormes, y no se puede contar con una gasolinera a la vuelta de la esquina. Escuché hace tiempo que en Australia, cuando van a cruzar la gran nada que es su centro, han de llevar su propio suministro de combustible, y aquí no resulta extraño ver como en la baca de algunos vehículos se apilan 4 y 5 garrafas de gasolina.

A veces la sensación es de que uno podría montar aquí su propio país y nadie llegaría a darse cuenta, tan basto y salvaje es el territorio.

Y para mejorar las cosas, la cobertura telefónica es inexistente.


Los 2 últimos días en Alaska fueron bastante duros, especialmente el último, y quería tomarme uno o dos días de "relax", con tiradas cortas para poder recuperarme un poco. Y así comencé el día 22, con un desayuno tardío y copioso, y un ritmo lento y agradable, siguiendo la tónica de los últimos días y que preveo me acompañará por un cierto tiempo, suaves subidas y suaves bajadas. El firme se nota más deteriorado, ya no es asfalto, si no más bien pequeñas piedras compactadas por alquitrán, lo que hace que la bicicleta no ruede tan fina como antes y tenga una vibración constante, pero no molesta.

White River

Pero la suerte no siempre está del lado de uno. Así que cuando encontré el campground perfecto, a los 50km, junto al White River, no podía estar de otro modo que cerrado. Continué un poco más con la vista en los laterales a la espera del sitio propicio. Pero es sitio tardaba en llegar, de tal modo que continué por unos 8 km, hasta que al final de la carretera me pareció ver una estación de servicio... y así fue como me crucé con mi primer grizzley. Justo antes de la estación de servicio había un puente, y cuando lo estaba cruzando el oso salió del margen derecho y cruzó la carretera hacia la gasolinera. Por suerte tenía la cámara a mano. Por desgracia no traje la grande.

¿Por qué cruzó el grizzley la carretera?

Cruzó hacia la estación de servicio y en ese momento, torpe de mi por no darme cuenta de que tenía el viento de espalda, se percató de mi presencia. Para un chico de ciudad es muy intenso cuando un bicho de este calibre se te queda mirando. Piensas en que harás si se dirige hacia ti; correr no, y aunque vaya en la bici es más rápido que yo, ¿saltar al río? tiene medio metro de profundidad y me rompería las piernas, además, nada mejor que yo, ¿me subo a un árbol? claro, como no, porque estoy muy acostumbrado a trepar. Así que hice lo único que no debía hacer, coger un cascabel que sirve para advertir a los animales de tu presencia y lo hice sonar. La verdad es que aquello me recordaba a la escena de La Casa de la Pradera, cuando la señora llamaba a la prole a la mesa haciendo sonar el triángulo -señor oso, su merienda-cena está servida-. Por suerte el animal posee más sentido común que yo y se largó de allí a paso ligero.

Bueno, como después descubrí, este negocio era uno de los que estaba cerrado, y obviamente allí, visto
lo visto, no iba a plantar la tienda. Así que seguí un poco más hasta que llegue al Campground que antes me habían referido. Aquí se produjo un pequeño incidente sin riesgo ni importancia pero que me dejó claras un par de cosas. Traté de montar la tienda pero el suelo no admitia las piquetas, así que monté la tienda asegurándola a una mesa del camping y a la bicicleta y remolque por otro lado. Con lo que no contaba es con que se cayera la bicicleta a eso de las 04.00 de la madrugada; y aquí las cosas que aprendí: 1. los osos me tienen acongojado y 2. aún pareciendo un maldito gusiluz, con el saco hasta las cejas me puedo mover muy rápido... mucho.


Dentro de la tienda.
Habiendo dormido poco y mal me puse en marcha. Y aquí empiezan los problemas, porque tengo las piernas muy cargadas y no ruedo con la suavidad de los últimos días, pero eso es normal. Lo que no es normal es que la llanta de la rueda trasera se esté desmoronando en varios puntos. El próximo punto en el cual podré hacer un cambio de rueda está a unos 300 km, y no tengo muy claro si aguantará 50 km más. Además, no se que hacer, ¿debo cortar el radio para aliviar la tensión o eso lo empeorará? Como medida preventiva, cambio las zapatillas de calas a las normales para poder sacar el pie rápidamente en caso de que la rueda ceda; pero además me estoy arriesgando a a que al desmoronarse la rueda se lleve el cambio trasero con ella. Y como segunda medida limitaré mi velocidad a 15 km/h de máxima, para minimizar daños cuando se produzca la caída. No obstante vuelven a caer 62 km, y vuelvo a hacer noche al raso. Bueno, quien dice noche puede decir cualquier cosa.

Esta vez no hay oso ni sorpresa nocturna. Me pongo en pie tras un nutritivo desayuno de M&M´s (deberían patrocinarme, la verdad) y comienzo la marcha. El camino es sencillo y no hay muchos problemas, más allá del mosqueo del estado de la rueda trasera que no para de martillearme en la cabeza. Mi ánimo no es muy alto y me siento bastante frustrado ante las circunstancias, pero poco a poco sigo avanzando. En uno de estos momentos de parada, no recuerdo si fue para una foto o para descansar, la bici pierde el equilibrio un poco y, como siempre, la sujeto con mi mano derecha del sillín, si bien, no como siempre, me quedo con el sillín en la mano. Recapitulemos: la tienda de recambios está a unos 280 km, el "pueblo" más cercano a 10km, llanta en proceso de putrefacción y no puedo subirme a la bici. El resultado es uno de esos momentos de los que tantas veces he hablado. Lo normal hubiese sido maldecir y chillar, pero eso no lleva a nada, así que mi estado de ánimo cambió de "frustración" a "a por ellos que son pocos y cobardes" y comencé a andar. Y así hubiese actuado cualquiera... lo que tiene el ser humano.

Radio arrancando la llanta.
10 km más tarde llegué a Burwash Landing, al pie del lago Kluane (helado, con lo grande que es), una pequeña comunidad formada por una gasolinera y dos hotelillos. Tomé habitación e internet mientras duró, lo que me permitió comprobar que en unas 4 horas pasaba un autobús por allí que me podía llevar hasta mi rueda de recambio, pero me obligaba a quedarme en Whitehorse durante 3 días más para poder volver. Así que me puse a buscar y encontré, al menos, un tornillo que podía valerme, pero que sin las herramientas adecuadas convirtió mi sillín en un toro mecánico; así que la perspectiva es de 280 km de rodeo.


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miércoles, 22 de mayo de 2013

Con los pies en Canadá

Después de la experiencia de Tok, tenía unas ganas terribles de salir zumbando de allí. El problema, porque siempre hay un problema, es que me separaban unas 95 millas de la frontera canadiense y otras 10 millas hasta Beaver Creek, ya en el Yukón, y por enmedio parecía no haber gran cosa, así que la cuestión era como dividir las etapas, en 2 ó 3.

Con esto en la cabeza pero sin hacerle mucho caso salí de la habitación, hice las compras pertinentes para varios días de comida y me lanzo a la carretera que ya está completamente despejada de hielo. El terreno es llano, incluso en ligerísimo descenso, el viento de costado pero también ayuda y por delante una recta de unos 10 km (ME ABURRO!!!). El día está completamente despejado y la temperatura ha subido notablemente, así que avanzo a un ritmo trepidante para mis estándares.

La larga recta
Había chequeado el perfil que tenía por delante a través de Google Maps por lo que preveía lo que más tarde se me vino encima. Bueno, no lo preveía, pero quedo mejor así.

Y es que del llano no pasamos a la montaña, si no a bordearla, subiendo y bajando pequeñas estribaciones de la cordillera. Subiendo una cuesta de 1 milla, bajando otras 0,8 millas, volvemos a subir, y volvemos a bajar; anda, mira, un rio!!! pues entonces volvemos a subir. Y como no hay dos sin tres, el viento comienza a darme de frente. La verdad es que más allá del cansancio no estaba preocupado ya que contaba con tener que dormir al raso, pero el día iba my bien y quería hacer unas 50 millas para dejar el día siguiente ya planteado, y hete tu aquí que, aparecido de la nada (porque por mucho que le preguntes a Google no aparecerá) tenemos una estación de servicio en la intersección con Northway (el cual es un pequeño pueblo, a unas 9 millas de distancia habitado principalmente por nativos americanos... indios). La amable dueña es una señora de edad difícil de definir, con muchos tiros pegados, eso está claro, pero con el pelo negro azabache y la piel sin señales de arrugas.

Entro al trapo y consigo que me deje acampar en un prado delante de la gasolinera y usar las duchas por un par de dólares, me zampo unas alitas de pollo que me saben a gloria (la señora me ofrece las "spicy" pero algo en su mirada me dice que me haría crecer pelo en el pecho) y me pongo a montar la tienda.

Ha pasado ya un rato desde que estoy leyendo cuando escucho un -knock, knock, ¿estás despierto?-  y algo mosqueado me asomo a ver quien me va a decir que no puedo acampar ahí, pero más equivocado no podía estar. Una señora había parado el coche para dejarme unas botellas de agua como bienvenida a Alaska. Empiezo a rehusar indicándole que ya estaba servidor pero finalmente decido aceptar por la cara de decepción que me estaba poniendo. Poco a poco voy recuperando la fe en la humanidad... pero poco a poco aún, eh!.

Amanece un nuevo día (casi es un decir, porque no parece que anochezca) y decido cargarme un café y unos bollos en la tienda. La señora me cuenta que esa noche un hijo suyo ha tenido que llevar a su nieto hasta Fairbanks porque se había puesto malo, y aunque seguía en Fairbanks ya se encontraba mejor. Había llevado al niño a Tok en coche y desde allí en avioneta hasta Fairbanks. Estamos hablando de más de 400 km de distancia. Las reflexiones las de cada uno.

Según mis cuentas, hasta Beaver Creek son unas 60 millas (100 km mal contados), y me encuentro muy optimista, así que me lanzo a por ellos. Y comenzamos con la cantinela de ayer, sube colina, baja colina, sube colina, etc, pero hoy el viento sí que está en contra, así que me lo tomo con algo más de calma. El truco está en ponerme la braga por encima de las orejas, ya que así se escucha menos el viento y pierde parte de su poder desmoralizador, la parte mala es que empieza a hacer un poco de calor y en breve esta prenda pasará al baúl de los recuerdos.

Llevo unas 30 millas y va tocando parar a comer, latita de chile con carne y manzana de postre, y de repostre nos tiramos en la hierba a leer un rato, que bañarse recién comido te corta la digestión. Así que tras una hora me arrojo de nuevo al asfalto, pero ya empiezo a notar el peso de los kilómetros, y cada nueva colina que aparece me empieza a mermar un poco más. Por suerte llegamos a la última (nunca es
la última, da igual lo que os diga) y tras un largo valle llegamos a la frontera americana. Y aquí empieza la agonía. Porque llego con las 40 millas recién cumplidas y hay un hermoso cartel que indica que la frontera canadiense está a 20 millas, y aunque ya lo sabía, no había caído en el detalle que no se si uno se puede parar a acampar o no, así que para evitar problemas, pues toca zamparse esas 20 millas. Y para rematar, la señora de la gasolinera me dijo que desde la frontera había unas 10 millas hasta Beaver Creek ¿pero que frontera? Anda que si me tengo que meter 30 millas más... porque hay un detalle que no había comentado, desde antes de hacer la noche anterior no había cobertura de movil y ya empezaba a imaginar las llamadas preocupadas, así que había que llegar a Beaver Creek, fuera como fuese.

Nos arremangamos los machos y a pedalear de nuevo. La Alaska Highway en tierra de nadie está muy abandonada, mucho. Por tramos es una pista de tierra. No obstante, cuanto más se acerca uno a la frontera canadiense mejor es el firme, y menos cuestas hay, y más fresco es el aire y los pájaros cantan más alto... vamos, que me moría por ver un policía montado de esos de los dibujos (no, sólo en los dibujos).

Llego al puesto fronterizo y solventamos los trámites con las palabras nunca dichas "no me pongas problemas con el visado"; "pero que diablos haces con esa bici, ¿y porque hueles tan mal?" Sello en el pasaporte y después las palabras que me llevaron al paraíso, Beaver Creek está a 2 kilómetros.

Y aquí estoy. Disfrutando de mi reciente entrada en un nuevo país, una nueva región y un nuevo huso horario.

El nuevo objetivo es Whitehorse, a unos 450 km. Unos 6/7 días si todo va bien.

Escapando de Tok: http://www.movescount.com/moves/move13902293
Entrando en Yukón: http://www.movescount.com/moves/move13902325

Pd. Me ha resultado curioso como en la Glenn Highway casi todo el mundo me saludaba mientras que en la Alaska Hihgway es mucho más raro. ¿será porque habrá muchos ciclistas por delante mía?
Pd2. Primera miniavería, una de las calas ha perdido un tornillo. Habrá que ver que se puede hacer.
Pd3. Aunque en los moves lo podéis ver, entre los dos días he consumido una estimación de 7000 calorías. Leí una vez que Phelps consumía 6000 caloría diarias en sus entrenamientos... impresionante.

domingo, 19 de mayo de 2013

Stuck in Tok (atrapados en Tok)

Pues en Tok sigo. Y me encantaría decir que elegí quedarme aquí para poder reponer fuerzas; porque por delante tengo un montón de kilómetros sin aparentes visos de civilización; porque su vida social es maravillosa o vaya usted a saber que otro motivo. Pero no, simplemente estoy atrapado; y mosqueado.

Haciendo el papel de hombre del tiempo, tenemos dos frentes chocando frontalmente encima de mi cabeza; uno proviene del Ártico y otro de Canadá, dando por resultado un brusco descenso de temperaturas por unos días. Ayer tuvimos una máxima de -2º y hoy estamos en 0º. Ni frío ni calor que se suele decir. Pero no es esto lo que me mosquea. Lo que me frustra es encontrarme atrapado en un pueblo de 1300 habitantes con una conexión a internet de 56k para todo el pueblo. Es frustrante intentar hablar con la familia y amigos y descubrir que la mitad de la conversación se convierte en un:
- ¿Hola? ¿me oyes?
- ¿Que decías?
- ¡¡A ver si ahora!!

Es cosa de la condición de cada uno. Puedo tener 10 pinchazos en una mañana y no desesperar, pero estar en el supuesto primer mundo, mirar hacia atrás, y darme cuenta que la mejor conexión wifi la he tenido en un camping... me supera.

Anoche la pasé en el Snowshoe Rabbit Motel. Demencial. La calefacción no bajaba de 30 grados, y ahora sal a la calle a -5º a comprar algo. Te acabas de convertir en candidato del día para una pulmonía. Ves que la conexión wifi está a tope, pero por contra no consigues navegar. Me acercó a hablarlo con la responsable del hotel y todo lo que hace es encogerse de hombros.
- No puedo hacer nada.
- ¿Podría al menos reiniciar el router? - inquirí.
- Bueno...

Desapareció por una puerta y a los 5 minutos reapareció. - Es todo lo que puedo hacer.
De acuerdo señora, pero he estado mirando la conexión y salvo que tenga una antena separada del router usted no ha hecho nada de nada. Así que de vuelta a la habitación a disfrutar del color de las paredes.

Bueno, al menos puedo buscar la lavandería y así no lavo a mano. Pregunto y me mandan a una milla de distancia... con la que está cayendo. Creo que no me han dolido tanto los dedos en mi vida. Y como es obvio, cerrado. Al menos en el trayecto de vuelta el viento me ayuda a avanzar, pero no corras mucho que el suelo está helado.

The road
Amanece un nuevo día y ha dejado de nevar. No tengo claro que haré, si avanzar o quedarme un día más. La previsión del día es de 0º de máxima y -8º de mínima. De modo que decido montar la bici como si me largase hacia el sur y decidirme sobre la marcha. La decisión está tomada en 200 metros, y 3 patinazos. Los neumáticos que tengo son muy "rodadores" pero no están al nivel para hacer esto. Más vale quedarme un día aquí que partirme un brazo en un resbalón tonto.

Pero tengo claro que no será en el mismo hotel, así que empiezo a preguntar.

  • Westmark Inn Hotel. 139$/noche, que deja en 110$ cuando ve mi cara. No hay wifi en las habitaciones, sólo en el lobby. -Ahora mismo vuelvo, voy a consultarlo con mi bici.
  • Golden Bear Lodge. 79$/noche. - Pero verá, hasta las 16.00 no hacemos el check-in. - Señora, son las 11.00 y afuera estamos a 0º. - Ajam. - Pues que pase un buen día.
  • Pasupu Lodge. 139$/noche en cabaña (probablemente sin cuarto de baño) wifi y desayuno incluido en precio.
  • Tok Motel. 70$/noche, wifi disponible.



Así que en Tok Motel me quedo, pero volvemos a lo mismo del otro día. La conexión del puesto al router es buena pero de ahí a la web es pésima. Es como si tuviesen una red de 56K para todo el pueblo. Por "suerte" hay un servicio de pago, que por 7$ tienes 1 giga de conexión durante un día.

Así que aquí estoy, atrapado en Tok, y con más ganas que nunca por seguir mi viaje y salir zumbando al sur.
Cleta. Impaciente por partir.

Pd. Si por algún motivo alguna vez acabáis en Tok y las temperaturas lo permiten, preguntad por el campground. La conexión wifi no es mala...

El paso de Caradhras no está cerrado!!

Os había dejado en mi anterior post con mis congelados pies en remojo en un hotel en Glennallen, y creo que, visto lo visto, merece la pena llevar a cabo una ligera reflexión sobre mis puntos de referencia. Por "puntos de referencia" me refiero a esas poblaciones que, sin ningún motivo en particular, consideras como hitos a conseguir. Ya sabeis, si hacer 10.000km parece mucho, pues lo dividimos en 500 paradas de 20 km cada una. Así, hasta donde me hallo, tenía en mente dos puntos intermedios, Glennallen, el cual alcancé en el anterior post, y Tok, donde me encuentro varado ahora mismo (18/05/13).

Huellas de oso andando de puntillas.

Estás en la carretera, dejando atrás buzones de correo, árboles, alguna gasolinera y un par de moteles, y en tu mente empieza a formarse la idea de la meta (llámese Glennallen, Tok, Whitehorse o lo que sea). Y esa idea comienza a tomar cuerpo, cuantos más kilómetros haces más definidas son sus calles, cuanto más frío pasas mayor la variedad de hoteles (hasta una sauna llegué a ponerle), y si tienes hambre seguro que hay una feria gastronómica cuando tu llegues.

Culpa mía.


Si hubiese hecho los deberes habría visto que Tok tiene unos 1300 habitantes, y que además, teniendo en cuenta como son los pueblos en Alaska, el pueblo está desparramo en todas direcciones. Para una mente acostumbrada a la ordenación europea, no encontrar un "centro" resulta extraño. Y el colmo es la sensación de no haber llegado a ningún sitio en concreto, si no a un cruce de caminos (he de admitir que el hecho de que haya nevado justo en los días en los que llego a estos puntos influirá en como los veo).

La cuestión es que mis pies estaban secos y mi voluntad por las nubes. No hay cellisca que me pueda detener. Soy imparable. El frío es psicológico y tal. Me lanzo a la carretera, y como una imagen es mejor que mil palabras, y un video que diez mil; las últimas imágenes, en las que más nieve me cae encima, son de ese día. La suerte que tiene uno es que no todo el mundo se cree que soy el más macho (gracias a Dios), así que estando en la carretera una furgoneta paró a mi lado cuando llevaba unos 20 km y básicamente me ordenó que la siguiese hasta su casa. Hubo algo en el tono de voz que, más allá de la amabilidad, me venía a decir "que sí, que mucha bici y mucha leche, pero yo llevo 30 años aquí y tú no tienes ni idea de donde te estás metiendo, chaval". De modo que a su casa que los acompañé y hasta el día siguiente que me quedé. Mucho más podría contar, pero les pedí permiso para narrarlo y prefirieron que no lo hiciese, así que para mi que se queda.

Los dos días siguientes podría decirse que fueron de transición, sin un desnivel fuerte, nada realmente reseñable salvo que ahora era Tok el pueblo que empezaba a construir en mi mente (y ahora que estoy aquí empiezo a edificar Whitehorse), y con un paisaje bastante monótono de bosques de abetos. El problema con llegar a Tok eran los lugares para dormir, ya que servidor no es, ni tiene el equipo, de Calleja, y lo de acampar en la nieve como que aún me da respeto; y por más que buscaba, más allá de Slana, a unos 100 km de Tok, no había nada. De modo que me organicé para hacer una primera noche en mitaddeningunaparte Red eagle Lodge y la segunda en Slana. Quizás con un poco de suerte podría hacer los 100km.
Aguas azules congeladas.



¿Urogallo?
No fue suerte lo que tuve. Fue churra en su máxima expresión. Una apoteosis de alineaciones planetarias. El viento a favor, un día claro, con una temperatura de 16 grados, con las justas nubes para que se pudiesen hacer algunas fotos, un paisajes de los que quitan el aliento, y un perfil que con sus subidas y bajadas, terminaba a una altura inferior en la que lo iniciaba. Pude ver unos alces, y un águila calva, además de un bicho alado que no se identificar. En definitiva, el mejor día que he tenido hasta la fecha.







Alto en el camino para reponer energías.
Llegando a Tok, las previsiones climáticas comenzaron a cumplirse, bajando drásticamente las temperaturas, de tal modo que, al despertarme esta mañana en el camping donde pasé la noche, la temperatura ya estaba bajo cero. No era nada que no esperase y por eso escribo desde un hotel en Tok. La cuestión ahora será si será esta mi segunda y última noche aquí o si podré enfilar ya hacia el sur.