domingo, 19 de mayo de 2013

El paso de Caradhras no está cerrado!!

Os había dejado en mi anterior post con mis congelados pies en remojo en un hotel en Glennallen, y creo que, visto lo visto, merece la pena llevar a cabo una ligera reflexión sobre mis puntos de referencia. Por "puntos de referencia" me refiero a esas poblaciones que, sin ningún motivo en particular, consideras como hitos a conseguir. Ya sabeis, si hacer 10.000km parece mucho, pues lo dividimos en 500 paradas de 20 km cada una. Así, hasta donde me hallo, tenía en mente dos puntos intermedios, Glennallen, el cual alcancé en el anterior post, y Tok, donde me encuentro varado ahora mismo (18/05/13).

Huellas de oso andando de puntillas.

Estás en la carretera, dejando atrás buzones de correo, árboles, alguna gasolinera y un par de moteles, y en tu mente empieza a formarse la idea de la meta (llámese Glennallen, Tok, Whitehorse o lo que sea). Y esa idea comienza a tomar cuerpo, cuantos más kilómetros haces más definidas son sus calles, cuanto más frío pasas mayor la variedad de hoteles (hasta una sauna llegué a ponerle), y si tienes hambre seguro que hay una feria gastronómica cuando tu llegues.

Culpa mía.


Si hubiese hecho los deberes habría visto que Tok tiene unos 1300 habitantes, y que además, teniendo en cuenta como son los pueblos en Alaska, el pueblo está desparramo en todas direcciones. Para una mente acostumbrada a la ordenación europea, no encontrar un "centro" resulta extraño. Y el colmo es la sensación de no haber llegado a ningún sitio en concreto, si no a un cruce de caminos (he de admitir que el hecho de que haya nevado justo en los días en los que llego a estos puntos influirá en como los veo).

La cuestión es que mis pies estaban secos y mi voluntad por las nubes. No hay cellisca que me pueda detener. Soy imparable. El frío es psicológico y tal. Me lanzo a la carretera, y como una imagen es mejor que mil palabras, y un video que diez mil; las últimas imágenes, en las que más nieve me cae encima, son de ese día. La suerte que tiene uno es que no todo el mundo se cree que soy el más macho (gracias a Dios), así que estando en la carretera una furgoneta paró a mi lado cuando llevaba unos 20 km y básicamente me ordenó que la siguiese hasta su casa. Hubo algo en el tono de voz que, más allá de la amabilidad, me venía a decir "que sí, que mucha bici y mucha leche, pero yo llevo 30 años aquí y tú no tienes ni idea de donde te estás metiendo, chaval". De modo que a su casa que los acompañé y hasta el día siguiente que me quedé. Mucho más podría contar, pero les pedí permiso para narrarlo y prefirieron que no lo hiciese, así que para mi que se queda.

Los dos días siguientes podría decirse que fueron de transición, sin un desnivel fuerte, nada realmente reseñable salvo que ahora era Tok el pueblo que empezaba a construir en mi mente (y ahora que estoy aquí empiezo a edificar Whitehorse), y con un paisaje bastante monótono de bosques de abetos. El problema con llegar a Tok eran los lugares para dormir, ya que servidor no es, ni tiene el equipo, de Calleja, y lo de acampar en la nieve como que aún me da respeto; y por más que buscaba, más allá de Slana, a unos 100 km de Tok, no había nada. De modo que me organicé para hacer una primera noche en mitaddeningunaparte Red eagle Lodge y la segunda en Slana. Quizás con un poco de suerte podría hacer los 100km.
Aguas azules congeladas.



¿Urogallo?
No fue suerte lo que tuve. Fue churra en su máxima expresión. Una apoteosis de alineaciones planetarias. El viento a favor, un día claro, con una temperatura de 16 grados, con las justas nubes para que se pudiesen hacer algunas fotos, un paisajes de los que quitan el aliento, y un perfil que con sus subidas y bajadas, terminaba a una altura inferior en la que lo iniciaba. Pude ver unos alces, y un águila calva, además de un bicho alado que no se identificar. En definitiva, el mejor día que he tenido hasta la fecha.







Alto en el camino para reponer energías.
Llegando a Tok, las previsiones climáticas comenzaron a cumplirse, bajando drásticamente las temperaturas, de tal modo que, al despertarme esta mañana en el camping donde pasé la noche, la temperatura ya estaba bajo cero. No era nada que no esperase y por eso escribo desde un hotel en Tok. La cuestión ahora será si será esta mi segunda y última noche aquí o si podré enfilar ya hacia el sur.